INVESTIGACIÓN

Núm. 30 enero-junio de 2026


La cancha como espejo social

The Pitch as a Social Mirror

Adela Salinas Salinas*
Universidad Latinoamericana, México.
adesalinas@yahoo.com.mx

 

Resumen

El presente ensayo examina la cancha de futbol como un espejo simbólico de la realidad social. Desde un enfoque crítico, se plantea que los megaeventos deportivos promueven una violencia estructural mediante la comercialización, la gentrificación y la exclusión de comunidades vulnerables. Frente a esta dinámica, se defiende que el futbol, atendiendo a su esencia popular, constituye una herramienta poderosa para edificar una cultura de paz basada en los derechos humanos. Así, se propone recuperar el sentido primigenio del juego como un espacio de encuentro, hospitalidad y apoyo mutuo, donde todas las personas sean reconocidas como sujetas de dignidad y derechos.

Palabras clave: futbol; cultura de paz; violencia estructural; derechos humanos; biología del amor.



Abstract

This essay examines the soccer field as a symbolic mirror of social reality. From a critical perspective, it argues that mega-sporting events promote structural violence through commercialization, gentrification, and the exclusion of vulnerable communities. In response to this dynamic, it contends that soccer, rooted in its popular essence, constitutes a powerful tool for building a culture of peace based on human rights. Thus, it proposes reclaiming the original meaning of the game as a space for connection, hospitality, and mutual support, where all individuals are recognized as subjects of dignity and rights.

Keywords: football soccer; culture of peace; structural violence; human rights; biology of love.

 

Sumario

I. Introducción;. II. Juego limpio, juego sucio; III. El futbol no es un deporte de élite; IV. El futbol podría construir una cultura de paz; V. Un juego digno y con derechos; VI. Conclusión; VII. Fuentes de consulta.

 

I. Introducción

El deporte, y específicamente el futbol, ha sido históricamente descrito como “lo más importante de lo menos importante”. Sin embargo, ante la proximidad de la Copa Mundial FIFA 2026, esta máxima se queda corta. Para una metrópoli como la Ciudad de México, el evento no solo representa un hito logístico o un espectáculo de masas, sino un examen profundo a nuestra salud social y un espejo que refleja, con crudeza y esperanza, lo que somos como civilización. La cancha de futbol funciona como un microcosmos donde convergen nuestras fracturas más dolorosas —la violencia estructural, la exclusión y la mercantilización del cuerpo—, pero también nuestras aspiraciones más nobles de convivencia y justicia. Bajo esta premisa, el presente ensayo analiza el fenómeno futbolístico no como un producto de consumo, sino como un escenario ético. A través de una mirada centrada en los derechos humanos y la cultura de paz, se explorará cómo el Mundial de 2026 representa una oportunidad crítica para transitar de la “limpieza social” y la competitividad deshumanizante hacia un modelo de reconocimiento del “otro” que devuelva al juego su esencia comunitaria y transformadora.

II. Juego limpio, juego sucio

La Ciudad de México será protagonista de la Copa Mundial FIFA 2026, el evento deportivo más grande del planeta. Más allá del espectáculo, esto representa un reto para la salud social y una oportunidad para promover una cultura de paz. El contexto es complejo, pues la llegada de millones de personas de diversas naciones pondrá a prueba la capacidad de tolerancia y el respeto mutuo, por ello, es necesario observar la cancha como un espejo de nuestra civilización y al juego como un escenario donde la ética queda al descubierto. Desde una mirada que ponga su atención en los derechos humanos, podemos detectar las posibilidades de transformación en una sociedad tan lastimada como la nuestra.

La cancha: reflejo de nuestras fracturas y aspiraciones

En la cancha, de forma consciente o inconsciente, se juega el derecho a la igualdad, a la seguridad y al buen trato. Es el espacio donde se refleja nuestra fractura social, pero también nuestra necesidad de convivencia, que es donde habita el verdadero sentido del deporte. Es ahí donde se reproducen muchas formas en las que nos relacionamos, e incluso, el deseo de justicia que buscamos recuperar.

La cancha es un lugar de contrastes sociales, donde podemos ver con nitidez muchas formas de violencia, así como la nobleza de la relación humana. Un jugador replica la cultura del engaño y la corrupción al agredir o hacer trampa con tal de ganar, pero si juega con respeto al equipo contrario por encima de la necesidad de triunfo se vuelve un ejemplo a seguir porque opera con honor. Un árbitro que es parcial y autoritario, replica la fragilidad de las instituciones y provoca la misma frustración social ante la impunidad e injusticia, pero si es justo e imparcial se convierte en un referente de valor humano. Un director técnico que exige el triunfo a cualquier precio, reproduce las formas de deshumanización que operan por encima de la dignidad, pero si fomenta el talento con empatía, se vuelve un conductor del potencial y desarrollo humano. La afición, si reproduce el grito homofóbico, excluye lo que le parece desconocido y convierte a las personas en rivales reproduciendo conductas de discriminación. Como dicen Norbert Elías y Eric Dunning en Deporte y ocio: “Los partidos de futbol son en sí mismos batallas cuyo contenido principal es la expresión de la masculinidad, aunque sea de un modo socialmente aprobado y controlado”;1 pero en el momento en el que entona canciones o porras alentadoras da muestra de su integridad.

Violencia estructural y el desarrollo mercantil

La violencia estructural —la más sutil de las violencias— se manifiesta en la cancha de formas casi imperceptibles pues va más allá de insultar o dar patadas. Ocurre cuando las reglas y costumbres del sistema hegemónico se apropian —sin que nos demos cuenta— de la esencia del juego para convertirlo en un objeto de explotación y consumo, lo cual genera desigualdad. Al colocar al campeón goleador por encima del trabajo colectivo, el resto del equipo sufre un desequilibrio ya que se otorga un lugar preponderante al delantero no por ser el más importante, sino porque su figura atrae los reflectores, la que más vende y la que comercializa el espectáculo. Con ello, suele convertirse en la cara publicitaria de la marca en turno. Esto es reflejo de una violencia sutil derivada de un sistema vertical que valora el éxito y el dinero por encima del proceso y de los principios de convivencia sana con los cuales se creó el deporte.

El conflicto surge cuando el éxito —convertido en norma— sustituye la horizontalidad del respeto mutuo. Cuando el balón deja de ser el instrumento de juego para convertirse en un objeto de discordia y cuando el trofeo se convierte en el único propósito, basta con un sobresalto para terminar en tragedia, y aquello se vuelve el reflejo de una sociedad que nos enseña a ver al “otro” como un obstáculo y no como una persona.

Como señalan Norbert Elías y Eric Dunning en su análisis sociológico, los combates escalan desde golpes cuerpo a cuerpo, lanzamientos de objetos hasta el uso de armas blancas y que normalmente empiezan en los estadios, pero prosiguen en las cantinas, en los restaurantes, en las calles o en las estaciones del metro.2

  1. Durante el partido, los grupos rivales prestan tanta o más atención los unos a los otros como al juego en sí mismo, pues cantan, gritan consignas, gesticulan todo el tiempo para manifestar su oposición. Sus cantos y gritos expresan recurrentemente desafíos a pelear y amenazas de violencia. Cada grupo en particular tiende a tener su propio repertorio de canciones y consignas, pero muchas de ellas son variaciones locales sobre un fondo común de temas.3

Hay que decir que, desde su comercialización, el futbol domina el centro del “juego” mundial y su presencia cada cuatro años genera el movimiento completo del país anfitrión porque implica la renovación de la infraestructura urbana y toda la logística de acuerdo con las necesidades de las empresas patrocinadoras, como la seguridad pública y la protección civil, además de los numerosos acuerdos políticos y de inversión multimillonaria para una proyección internacional, aunque ésta pase por encima de los derechos de las personas que habitan y transitan la ciudad. En 1995, Eduardo Galeano escribió:

  1. El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, futbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un futbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.4

Es decir, el futbol ha transitado de la comunidad local a la industria del entretenimiento, así que se da prioridad a la rentabilidad, al comercio y la explotación sobre el valor social del juego. Es donde el deporte deja de ofrecer libertad a quien lo practica para convertirse en un producto que mide su éxito en dólares, y no en el respeto y la dignidad de las personas.

III. El futbol no es un deporte de élite

El futbol no nació con un propósito comercial, sino para crear orden en las comunidades en conflicto. Así que, en su esencia, se encuentra la idea del convivio bajo reglas claras.

Su historia habla de la transformación de los encuentros violentos —que se dieron en China, Egipto, Grecia, Roma y en los juegos medievales— a la búsqueda del buen trato. El Reglamento de Cambridge de 1848,5 por ejemplo, nació como un intento de terminar con las reglas violentas de los juegos escolares y entonces se prohibieron los golpes con las manos, los empujones y las patadas en las espinillas; pero no fue sino hasta 1863 en la Taberna Freemasons de Londres, cuando la fundación The Football Association6 intervino para que deportes como el rugby dejaran de ser tan violentos y se enfocaran en la destreza física, la estrategia y el acuerdo entre pares. Pero luego, con el nacimiento de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el 21 de mayo de 1904, el futbol dejó de ser un juego de barrio y se convirtió en un deporte de competencia global. Con ello se dio un giro hacia el mercantilismo que ha dado lugar a la expresión más viva de la violación a los derechos humanos, sobre todo, en los países anfitriones. David Goldblatt dice:

  1. La FIFA acepta prácticamente cualquier entidad política para tener poder: algunos dominios, algunos protectorados y lugares que la ONU [Organización de la Naciones Unidas] no define como estados naciones. Pero, también es porque el futbol es increíblemente popular, no hay entidad geográfica en la tierra que no tenga una federación de futbol o una asociación. En el siglo XXI es el más masivo de los fenómenos culturales populares.7

El “juego sucio” de las sedes mundiales

Hay que recordar que en Brasil (2014), se desalojaron cerca de 150 000 personas y se implementaron las Unidades de Policía Pacificadora, señaladas por cometer ejecuciones extrajudiciales y grandes abusos con el pretexto de proteger al turismo. También se criminalizó la protesta y se amenazó, con leyes antiterroristas, a los activistas y movimientos sociales que se levantaron contra el excesivo gasto público y la carencia de calidad en el servicio médico. Además, las favelas, cuna de tantos futbolistas extraordinarios, sufrieron una gentrificación que expulsó a sus propios habitantes.8

A pesar de haber adoptado una narrativa de derechos humanos en 2017, la FIFA dio prioridad a los contratos que había firmado con Qatar en 2010, los cuales incluían pagos millonarios condicionados a que ese país fuera la sede del mundial en 2022.9 El resultado fue que el Estado implementara el Sistema Kafala10 un esquema de explotación laboral donde murieron 6 500 personas bajo temperaturas de 50° C, durante la construcción de los estadios.

México y el Mundial 2026

Con lo anterior y desde una mirada de prevención y cultura de paz, es imposible ignorar que en los preparativos para el Mundial de Futbol de 2026, en México se observan los rastros de la “limpieza social”;11 así que se teme un mayor desplazamiento forzado de poblaciones callejeras, un incremento en la violencia a las trabajadoras sexuales;12 en la represión de protestas sociales; en la discriminación racial y hacia las personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis, intersexuales, queer, asexuales y con otras identidades; así como mayor estigma hacia las personas privadas de la libertad y un aumento en el delito de la trata de niñas, niños y adolescentes con fines de explotación sexual.

El futbol, en sí mismo, se vuelve el reflector de la farsa política, así que en una sociedad que se considera defensora de los derechos humanos es preciso hacer un pase a la causa justa y recuperar la dimensión de vida que, bajo puentes y en alcantarillas, han creado lazos familiares muchas veces más profundos que los que tenían en sus casas.

Así que “limpiar” la ciudad para que luzca como patena ante la mirada extranjera es abrir la herida y replicar la violencia sistémica, que es como si el mismo Estado sacara, injustificadamente, una tarjeta roja para expulsar a esas poblaciones del juego de la vida social sin contemplar su derecho a la ciudad, a la calle y a la vida, solo para que no salgan en la selfie extranjera.

Hay que insistir, por lo tanto, en que el futbol no nació como un deporte de élite. Muchos grandes ídolos comenzaron su trayectoria en la calle: Cristiano Ronaldo creció en una zona muy humilde de Madeira, Portugal. En entrevista con Piers Morgan platicó que de niño no tenía dinero para comer y pedía hamburguesas sobrantes al McDonald’s,13 por lo que hoy es un gran donante en favor de la salud infantil; Sadio Mané jugaba descalzo en las calles de su pueblo en Senegal. Hoy es famoso por construir hospitales y escuelas en su comunidad.14 De niño, Ángel Di María ayudaba a su papá a repartir carbón en Argentina, y el dinero que ganaba no alcanzaba para comprar unos zapatos de futbol.15 Carlos Tévez creció rodeado de violencia en Fuerte Apache, uno de los barrios más peligrosos y vulnerables de Buenos Aires, pero el futbol lo sacó del conflicto.16 Alexis Sánchez limpiaba coches y hacía acrobacias en las calles de Chile para ganar algo de dinero.17

El ejemplo del origen de tantos jugadores que hoy son respetados por su destreza permite crear un vínculo con la sociedad para que sea consciente de la desventaja que hay en el uso de la fuerza y la opresión sobre las poblaciones en situación de vulnerabilidad y, con ello, colocar a los movimientos sociales al centro de la cancha con todo su derecho a expresarse libremente para que el grito de gol no opaque el de justicia, pues este grito apela a que el país anfitrión (en este caso México) sea incluyente y haga saber cómo puede convivir con toda la población más allá de su condición social y contexto de vida. El derecho a la protesta es una respuesta democrática que asegura que el balón ruede con la ética de un país que respeta y escucha la voz de todas las personas que lo transitan y habitan. Muchos y muchas futbolistas que crecieron en condiciones de pobreza extrema podrán reconocer, en los movimientos sociales, un grupo de apoyo que sostuvo sus comunidades cuando el Estado no les dio protección.

Cuando un país utiliza un evento deportivo para hacer una “limpieza social”, se mete autogol porque su gobierno muestra su incapacidad de gestionar la diversidad y el conflicto existente. Si pondera la estética (que es tan subjetiva) sobre la dignidad humana, el espacio se convierte en un lugar de exclusión y represión, no de encuentro y libertad.

Humberto Maturana decía que la base de la convivencia es la “biología del amor”: reconocer al otro como un “legítimo otro”. Si el jugador es sólo mercancía, el juego muere; si el ciudadano es sólo un estorbo para el evento, la democracia fracasa.

  1. Lo central en la convivencia humana es el amor, las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la realización del ser social que vive en la aceptación y respeto por sí mismo tanto como en la aceptación y respeto por el otro. La biología del amor se encarga de que esto ocurra como un proceso normal si se vive en ella.18

Cuando el espacio público se reserva para los “dueños” del Mundial, se fractura el tejido social en nombre de una seguridad que, en vez de proteger, reprime; pero si se aprovecha el evento para fortalecer el tejido social el Estado cobra fuerza ante el mundo porque muestra un verdadero cuidado y prevención, así como respeto al derecho a la ciudad.

Al referirse a los derechos vinculados a la seguridad ciudadana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos considera que una política pública de seguridad ciudadana “debe ocuparse de las diferentes dimensiones de los problemas que originan la criminalidad y la violencia y, por lo tanto, es necesario que sus intervenciones conduzcan a su abordaje integral” para ello, se debe otorgar “una especial centralidad a las medidas de prevención”.19

Esto requiere de cambios culturales que erradiquen los factores de exclusión y marginación lo cual supone, como dice Rita Segato, deconstruir la idea de “dueñidad”,20 pues desde ahí, siempre se considerará que la ciudad tiene “dueño” y no habitantes, y se tenderá a expulsar a las personas que no fueron seleccionadas dentro de un plan comercial; la concentración de la riqueza seguirá como prioridad y se continuará “cosificando” a la sociedad que ha sido históricamente violentada.

Para ello, como dice Jean Paul Leaderach, se necesita una “imaginación moral”21 que nos permita reconocer que formamos parte del mismo tejido, así que su idea para construir la paz sugiere tratar con resiliencia nuestras diferencias, como el origen, color de piel, preferencia sexual y de género, la cultura y la condición socioeconómica. Leaderach habla de la utilidad de las metáforas deportivas:

  1. En el futbol, el campo de juego es extenso. El movimiento es constante. Para crear un gol, la pelota se mueve hacia atrás, a través, adelante y otra vez hacia atrás. Distintos grupos de jugadores se coordinan y crean una compleja trama de relaciones y espacios relacionales a partir de los cuales se crean oportunidades de gol, en la mayor parte de los casos de una forma totalmente inesperada que requiere imaginación y destreza. Al contrario que en el futbol americano, los avances no se miden por cada jugada y en función de si se creó movimiento hacia delante. Como metáfora, el futbol, como la construcción de la paz, es la serendipia construida sobre la visión periférica. La visión periférica presta atención a varios elementos que se suelen pasar por alto o considerar poco importantes. Observa todos los accidentes que ocurren por el camino, sean acontecimientos que parecen hacer descarrilar un proceso o algo tan sencillo como una palabra deslizada por un negociador clave y que introduce un nuevo giro en la situación, proporcionando percepciones sobre una esperanza o un temor. La visión periférica presta atención a y explora las metáforas que la gente afectada por el conflicto crea para describir su situación.22

La construcción de una sociedad incluyente exige que desarrollemos una visión periférica hacia nuestro entorno, pues ésta permite ver más allá del objetivo inmediato. Así como en cada pase la o el futbolista observa los huecos por donde puede pasar el balón, en lo social podemos ampliar nuestro criterio y perspectiva para reconocer el movimiento sutil de la violencia estructural, que relega, omite, ignora y desprecia a quienes no cumplen con los parámetros del desarrollo económico que ofrece, hoy día, un deporte globalizado. Esa visión periférica nos permite ver a quiénes el sistema decide volver invisibles. Atender estos detalles es un gran paso para colocar a la persona, como sujeta de derechos, al centro del juego.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura define la cultura de paz como un “modo de vida” basado en valores y comportamientos que rechazan la violencia y tiene que ver con educar nuestra sensibilidad para reconocer a cada persona, con todo y sus diferencias, como la “legítima otra”.23 Es una labor de largo plazo que siembra semillas de conciencia individual, pero cuyo efecto se proyecta, de forma natural, al colectivo. Maturana dice:

  1. El amor no es un fenómeno biológico raro ni especial, es un fenómeno biológico cotidiano. Más aún, el amor es un fenómeno biológico tan básico y cotidiano en lo humano, que frecuentemente lo negamos culturalmente creando limites en la legitimidad de la convivencia en función de otras emociones. Así, por ejemplo, toda la dinámica de crear conciencia de guerra (ocurre cuando hay una lucha con otro), consiste en la negación del amor que abre paso a la indiferencia, y luego en el cultivo del rechazo y del odio que niegan al otro y permiten o llevan a su destrucción. Si no se hace así, la biología del amor deshace al enemigo.24

Todo esto nos obliga a ver que dentro y fuera de la selección deportiva está la selección humana, cuya diversidad ofrece posibilidades de desarrollo social, cultural, económico y político, y eso convierte la exclusión en hospitalidad. Erriest y Ullman dicen: “El Estado debe garantizar principalmente los siguientes derechos: a la vida, a la integridad física, a la libertad, a las garantías procesales, al uso pacífico de los bienes, a la igualdad y la no discriminación, a la no violencia, a la libertad de asociación, entre otras”.25 Con ello, apelan a que la seguridad ciudadana se haga con perspectiva de derechos humanos, pues en eventos masivos como el Mundial de Futbol se involucran numerosos actores como espectadores, futbolistas, clubes, asociaciones, organismos internacionales, hinchas y fuerzas de seguridad, por lo que todo lo que se mueve en esos casos “es tierra fértil para la continua colisión de intereses, derechos y obligaciones.”26

IV. El futbol podría construir una cultura de paz

Si comparamos el futbol con el comportamiento humano, el centro sería el cultivo de la empatía y el cuidado mutuo. Esto es lo que realmente logra desarticular la violencia. Si la paz fuera la árbitra, su función sería vigilar que se respeten los derechos en la cancha. Cuando las pasiones se desbordan y se rompe el respeto, el juego pierde su valor. Un entrenamiento basado en la “paz positiva” que reconociera y “premiara” la integridad de los jugadores, garantizaría una cultura de justicia. Esto podría proyectarse al mundo en eventos como el Mundial, transformando el estadio en un espacio de convivencia y alegría, en lugar de uno de dominio y competencia.

Un cambio de mirada

Transformar esta dinámica implica pasar de la mirada que sanciona a la mirada que reconoce. De esta forma, el equipo cobra fuerza por su solidaridad, honestidad y verdad. La cancha se vuelve un espacio sagrado donde la dignidad es la base del bien común. Así, el reglamento deja de ser una amenaza de castigo y se convierte en un acuerdo de protección mutua que, en el fondo, todas las personas buscamos.

En su libro Los bárbaros, Alessandro Baricco evoca el ritual de los días domingo, cuando las familias esperaban la proyección del único partido de la semana, frente a un televisor a blanco y negro, mientras llegaba el olor de la comida. Entonces, lo que en el fondo evoca este juego, es la pausa compartida, el convivio protector que se ejerce con el derecho al descanso y a la seguridad.

  1. Dado que el partido no era directo, el comentarista sabía perfectamente qué estaba pasando, pero actuaba como si no lo supiera. Tal vez aturdidos por el creciente olor a sopita que nos llegaba desde la cocina, dejábamos que prosiguiera, reprimiendo poco a poco lo absurdo y humillante de la situación. Y entonces, de repente y sin previo aviso, ocurría que, llegados al final de esa parte y forzado por ese telediario que se cernía sobre él, el comentarista, sin cambiar siquiera el tono de voz, destrozaba por completo nuestro sistema mental, soltando frases de este tipo: “El partido finalizó 2 a 1, gracias a un gol de Anastasi, marcado en el minuto 23 de la segunda parte.” ¡De repente lo sabía todo! ¡Y utilizaba el tiempo pasado para hablar del futuro! Era absurdo y mortificante: pero, cada domingo, volvíamos allí para que abusaran de nosotros. Porque éramos cerebros simples y aquél era todo el futbol que veíamos en una semana.27

En La poética del espacio, Gastón Bachelard explica que los lugares que habitamos están cargados de ensoñación, memoria y significado. Así, en el futbol, la cancha se vuelve una “casa” temporal de noventa minutos donde se da una convivencia llena de furor, pasión, angustia, valentía y felicidad. Y en esa temporalidad, el juego se convierte en un catalizador del instante porque no hay mayor concentración planetaria que en cada patada al balón y en cada grito de gol. Como señala Bachelard: “La atención es también una serie de comienzos, está hecha de los renacimientos del espíritu que vuelve a la conciencia cuando el tiempo marca instantes”.28

El futbol como lenguaje de paz

Bajo una mirada de paz, el adversario se vuelve un “el legítimo otro”. Esto se observa cuando las y los jugadores se dan la mano antes de comenzar el partido o cuando se aplaude al equipo contrario porque se le reconoce una jugada brillante. La belleza del futbol radica en la capacidad de coordinación, el control del balón, la táctica consensuada, la resolución instantánea y en el reconocimiento de cada persona jugadora por sus cualidades únicas en el conjunto que hace posible una jugada magistral. Es la interdependencia constructiva que genera arraigo, permite fluidez y proyecta destreza con elegancia y unidad. Es ahí donde el futbol deja de ser comercial y se vuelve profundamente humano, se gane o se pierda. Es en esos detalles donde está la semilla de la transformación social.

En ese sentido, no sólo se trata de ver la jugada estratégica, sino la resistencia a la presión de la exposición ante el público (dominio de sí), arraigo corporal que conecta la planta del pie con la tierra (enraizamiento de vida), capacidad de decisión durante las fintas, donde se aprende a leer la intención del jugador contrario antes de que se materialice en acción (anticipación), la puntería al lanzar el balón desde lejos gracias al entrenamiento de la voluntad en un objetivo claro; la concentración en el instante (aquí y ahora), la capacidad de cambiar una jugada de forma inmediata, saber cuándo adelantarse y cuándo retroceder, avanzar más con menos (economía del esfuerzo), la mirada hacia el detalle y el conjunto, que permite ver no solo el balón (el objetivo) sino la totalidad del campo (la consecuencia).

En cambio, si el éxito depende de la falla ajena, se cierra la mente y surge la necesidad descontrolada de ganar a toda costa, pero también se celebra, de facto, la derrota del equipo contrario, lo cual rompe la interdependencia constructiva. Bajo la lógica de la competencia global, el público aficionado tiende a entregarse a una pasión sin conciencia y cree que el estadio es el sitio donde puede enloquecer de alegría o desahogar todas sus frustraciones, pero no lo hace con sentido de cuidado, sino rompiendo las reglas de convivencia porque, al fin y al cabo, pagó su boleto.

Entonces, desde el punto de vista de una cultura de paz, ganar o perder es lo de menos en un partido donde jugar limpio es la consigna porque desde nuestra condición humana buscamos el ejercicio de la noviolencia y, en ese tenor, la búsqueda real es pulir la técnica —y pulirnos al interior— para crear un espacio que sea el espejo que refleje, por un lado, la capacidad de relacionarnos con plena conciencia de la diversidad que somos como especie humana y, por otro, la capacidad de generar encuentros equilibrados con objetivos claros y con una mirada expandida de la realidad.

Por lo tanto, ser parte de la comunidad aficionada da la oportunidad de ver, más allá de la competencia sujeta a sus propias reglas, la forma en la que nos vinculamos con las personas afines y, más aún, con las adversarias, pero también el potencial con el que vencemos los obstáculos casi al instante en el que se nos presentan. En términos sociales, advertimos que la jugada responde a una estrategia consensuada con tácticas que operan para el beneficio de todo el equipo. Ser aficionado es una oportunidad para aprender a vincularnos con amigos y rivales. “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas otras cosas [y] puede crear esperanza donde antes sólo había desesperación”,29 dijo Nelson Mandela. Podemos ampliar la mirada hacia cada espacio, barrio, colonia, alcaldía, ciudad, país y continente como el campo donde el respeto mutuo sea el balón que se persiga hasta meter el gol del buen trato como derecho, pero también como una condición individual y social que pone al centro la dignidad de la persona. Es ahí cuando se cultiva la paz.

La paz positiva se manifiesta en la mirada que reconoce la igualdad en todas las personas. Un comportamiento justo es aquel que no desperdicia energía en el ruido y en la necesidad imperante de colocarse por encima, sino en la muestra de un espíritu fortalecido y de un camino claro y horizontal donde todas las personas caben.

El juego como generador de paz

Si la cancha de futbol es un territorio limitado para la acción, la paz es el territorio definido por el marco de derechos que necesita un terreno común donde aceptemos que hay límites —como el respeto a la dignidad— imposibles de cruzar. En el futbol existe una forma particular de comunicación. Así como un pase requiere una fuerza justa para que llegue con precisión a su destinatario, para que la paz proceda, se necesita un diálogo horizontal porque si el mensaje es muy fuerte (agresión) o muy débil (omisión), la conexión humana se rompe. El jugador que se desmarca para apoyar a algún compañero, es como quien sale de su zona de confort para acompañar a quienes están en un conflicto. Se puede ganar por azar, pero una buena estrategia es la que mantiene vivo y sano física y emocionalmente al equipo. En los procesos de resolución de conflictos, un acuerdo momentáneo puede ser el gol, pero la estrategia es la construcción de paz dentro del marco de los derechos humanos y su táctica es la cultura de paz, donde cada persona se hace responsable de sí misma — observando su impecabilidad en todo momento— para el beneficio colectivo.

Cuando desplazamos la mirada del marcador final al proceso de relación que se da entre las personas que juegan con sentido de justicia y respeto, el futbol se convierte en un modelo de transformación y de derechos humanos, ya que devuelve el gozo, forja la disciplina, engrandece la relación, da poder de concentración al correr y no chocar, al esquivar, saltar, fintar y llegar a la portería contraria con limpieza, se anote o no un gol.

Gandhi decía: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.30 Si el fin es el gol, entonces la trampa y la violencia se vuelven herramientas válidas, pero se pierde la elegancia del movimiento y la fraternidad grupal para convertirse en una mercancía para las apuestas y, con ello, cada jugador o jugadora se lleva un aplauso falso, pues sabe que falló porque no respetó su propia integridad; pero si el fin es la integridad, entonces el gol se vuelve la consecuencia de un movimiento armónico, donde la victoria radica en la lealtad a la dignidad propia y ajena, y donde la habilidad se mide por la capacidad de jugar sin destruir y sin deshumanizar.

La persona que patea el balón y corre en la cancha con una ética deportiva, deja de ser víctima y asume el protagonismo de su jugada con una mente enfocada y un cuerpo coordinado, así que el marcador es lo que menos importa. Lo que importa es ver que su desempeño diario, el fruto de su disciplina, el sentido de responsabilidad que se ha desarrollado en equipo tiene resultados evolutivos. Es ahí cuando el futbol muestra el ritual de una comunidad que se reconoce en un espacio humano y eso debe ser visibilizado ante una sociedad que ha perdido el sentido de unión. Juan Villoro escribió:

  1. Nuestra inconstante realidad acepta mudanzas de ideología o vocación y acaba por ajustarse a las de sexo o religión después de alguna terapia. Pero es difícil traicionar la actividad que Javier Marías definió como “la recuperación semanal de la infancia”. ¿Quién que haya depositado su ilusión en un equipo, puede entender un cambio de intereses en la edad adulta, esa fase que el futbol intenta abolir?31

Recordemos la Tregua de Navidad de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, cerca de Bélgica, cuando los soldados alemanes y británicos pararon la guerra por unas horas para festejar la Nochebuena con una cascarita.32

Si en 1914 el balón convirtió la trinchera en un espacio de encuentro, en 2026 las zonas conflictivas de la Ciudad de México se podrían convertir en espacios donde tengamos la oportunidad de reconocernos en la igualdad, sobre todo porque, desde que nacemos, nuestro destino es compartir la misma cancha —que es este planeta— y donde buscamos, aunque no lo sepamos a cabalidad, amor y cuidado mutuo, no importa el estrato del que vengamos. Si ese año se logró que el balón detuviera, por un momento, la violencia, en 2026 debería ser el objetivo para frenar la indiferencia, la discriminación y la exclusión. El juego digno es aquel que nos recuerda que nacemos para buscarnos en la igualdad y para proteger ese vínculo sagrado que nos permite, por fin, habitar un mundo sin miedo.

Desde la perspectiva de la cultura de paz la Tregua de Navidad representa el tránsito de la paz negativa hacia la paz positiva. Johan Galtung explica que la paz no es ausencia de violencia, sino la presencia de estructuras de cooperación que anulan sus causas,33 y esto es vital para la Ciudad de México de cara al Mundial de Futbol 2026: las zonas de conflicto y exclusión deben dejar de ser “tierras de nadie” para convertirse en espacios donde el derecho a la ciudad y la hospitalidad garanticen que ningún habitante sea desplazado por la estética del espectáculo.

Esta visión requiere entender la “imaginación moral” que propone Lederach. Construir la paz en la cancha (el planeta) implica la capacidad de ver nuestro tejido de relaciones donde el bienestar del rival es indispensable para nuestra propia supervivencia. Esta es la base de los derechos humanos. El futbol, al igual que los derechos universales, nos ofrece un lenguaje común que no requiere traductores. Es una red interdependiente que sobrevive si protegemos la integridad del conjunto.

V. Un juego digno y con derechos

Un juego digno es la expresión más pura de una cultura de paz. En su mejor forma, el deporte es una actividad lúdica que prioriza la integridad de las personas por encima de las apuestas o el marcador final. No se trata de ver los derechos humanos como conceptos ajenos, sino de vivirlos plenamente tanto en la cancha como en la sociedad.34

El respeto a la dignidad se manifiesta de formas muy concretas en el deporte:


Para que el futbol recupere su sentido humano debe dejar de ser visto como una industria de entretenimiento y ser comprendido como una disciplina y ejemplo de vida. Aunque hoy lo vemos como un espectáculo de masas, su estructura profunda guarda un paralelismo exacto con las antiguas filosofías de la rectitud y el honor, donde la victoria deja de ser relevante si se ha perdido la integridad.

En la filosofía del honor la justicia es la capacidad de decidir sin vacilar. En la cancha esto se traduce en la transparencia del juego. Una jugadora o un jugador que actúa con dignidad no necesita que el árbitro lo observe para cumplir la norma. La rectitud implica que el reglamento no es un obstáculo a evadir, sino el marco que permite que la destreza brille. Entonces, quien juega prefiere la derrota honesta que el triunfo basado en el engaño.

Para que el futbol (y también la vida social) recupere su sentido humano, debe ser comprendido no como una guerra de goles, sino como una suma de voluntades, donde se da prioridad a la sensibilidad que se desmorona cuando el juego es asfixiado por el conflicto de poder y la centralización del mando. Cuando la jerarquía se impone sobre el honor (lo que impide que la o el jugador engañe para ganar), se pierde la confianza en la red que nos sostiene.

Responsabilidad frente al Mundial 2026

El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas exhorta a emplear los megaeventos deportivos como una plataforma para la promoción de todos los derechos humanos, así como de sociedades pacíficas, inclusivas, justas y equitativas.39 Por su parte, el Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos alienta a los Estados a garantizar la protección ante la violencia en el deporte e impedir todas las violaciones de los derechos, y habla de la necesidad de implementar estrategias que promuevan la paz, el desarrollo, la diversidad, la tolerancia, la equidad, el respeto mutuo y la comprensión humana.40

A nivel local, la Ley para Prevenir la Violencia en los Espectáculos Deportivos en la Ciudad de México establece el principio de promoción de la cultura de la noviolencia y la no discriminación, incluyendo la tolerancia a las formas de convivencia y el respeto a la dignidad humana, como una responsabilidad compartida entre las autoridades, personas espectadoras, titulares y participantes en la celebración.41 Por lo tanto, de cara al Mundial hay que recordar que el deporte no le quita al Estado su responsabilidad constitucional; por el contrario, se vuelve una ventana abierta para que cumpla sus obligaciones de respetar, proteger, garantizar y promover los derechos humanos de todas las personas que habitan y transitan la Ciudad de México, particularmente las poblaciones en situación de vulnerabilidad.

Es muy importante la creación de políticas públicas que apoyen la igualdad de género en los espacios deportivos y que promuevan la erradicación del discurso de odio en la afición. El Mundial de 2026 debe dejar de entenderse solo como una competencia deportiva para asumirse como una oportunidad estatal, donde la cancha se convierta en un territorio de hospitalidad que refleje un compromiso firme con la dignidad humana.

VI. Conclusión

El futbol puede segregar y cosificar a las poblaciones vulnerables o puede ser la herramienta que genere las condiciones para construir paz. Si logramos que el grito de gol no silencie el reclamo de justicia, habremos logrado honrar el origen humilde de los grandes ídolos y la naturaleza lúdica del deporte. Cuando es ético, el juego nos recuerda que el adversario no es un enemigo a destruir, sino el “legítimo otro” necesario para que la vida social sea posible. Si en las trincheras de 1914 un balón fue capaz de suspender la muerte, el Mundial de 2026 debe ser el escenario para suspender la indiferencia. Solo así, al finalizar el torneo, el verdadero triunfo no será un trofeo de oro, sino la consolidación de una cancha compartida donde la dignidad humana sea la única regla inamovible.

*Periodista y comunicóloga. Fue Coordinadora del Laboratorio para la Resolución de Conflictos Socioambientales en la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Cuenta con ocho libros de su autoría, algunos abordan temas relativos a la cultura de paz. Ha participado en la cobertura periodística de temas culturales en diferentes medios de comunicación. Actualmente colabora en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y participa como Coordinadora de la Campaña CDHCM Tu cancha de Derechos.

La opinión expresada en este texto es responsabilidad exclusiva de la persona autora, por lo que no refleja necesariamente la postura de las instituciones en las que colabora ni de la institución editora.

 

VII. Fuentes de consulta

Libros

Bachelard, Gaston. La intuición del instante. Traducido por Jorge Ferreiro Santana. México: Fondo de Cultura Económica, 1987.

Elias, Norbert y Eric Dunning. Deporte y ocio en el proceso de la civilización. México: Fondo de Cultura Económica, 2015. https://monoskop.org/images/9/93/Elias_Norbert_Dunning_Eric_Deporte_y_ocio_en_el_proceso_de_la_civilizaci%C3%B3n_1992.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

Galeano, Eduardo. El fútbol a sol y sombra. Madrid: Siglo XXI Editores, 1995. https://isfd18-bue.infd.edu.ar/sitio/wp-content/uploads/2022/01/El-futbol-a-sol-y-sombra-Eduardo-Galeano.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

Lederach, John Paul. La imaginación moral. El arte y el alma de la construcción de la paz. Bilbao: Bakeaz, 2007. https://www.gernikagogoratuz.org/wp-content/uploads/2020/04/RG09-la-imaginacion-moral.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

Maturana, Humberto. Emociones y lenguaje en educación y política. Santiago de Chile: Ediciones Dolmen, 2001. https://des-juj.infd.edu.ar/sitio/upload/Maturana_Romesin_H_-_Emociones_Y_Lenguaje_En_Educacion_Y_Politica.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

Periódicos

Báez A., José Ángel. “La ‘mano de Dios’ es una de las trampas más escandalosas en la historia del deporte”. La Rueda Suelta, 6 de diciembre de 2025. https://laruedasuelta.com/david-goldblatt-futbol-politica (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

Borrego, Álvaro. “La historia más dura de la infancia de Alexis Sánchez: ‘No tenía ni para zapatos’”, El Desmarque, 4 de septiembre de 2025. https://www.eldesmarque.com/futbol/20250904/historia-infancia-alexis-sanchez-fichaje-sevilla-fc_18_017524785.html (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).

Echeverría, Guillermo. “Ángel Di María, futbolista: ‘Mi padre ayudaba en el carbón para que yo tuviera las manos limpias. Las suyas eran negras’”. El Español, 29 de abril de 2026. https://www.elespanol.com/deportes/futbol/20260429/angel-di-maria-futbolista-padre-trabajaba-carbon-manos-limpias-negras-dt/1003744220404_0.html (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).

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Martín, Cristo. “Qatar pagó en secreto 780 M€ a la FIFA por el Mundial”. As. 10 de marzo de 2019. https://as.com/futbol/2019/03/10/mundial/1552215445_272762.html (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

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Revistas

Erriest, María y María Ullman. “Futbol, seguridad ciudadana y derechos humanos. Algunas consideraciones para su debate”. Revista IIDH, vol. 51 (junio 2010). https://repositorio.iidh.ed.cr/items/863931bd-b2eb-4529-aebe-6d783f63353a (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).

Resoluciones

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Instrumentos internacionales

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Legislación

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Página web

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Videos

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Citas

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2 Norbert Elias y Eric Dunning, Deporte y ocio en el proceso de la civilización, 335-336.
3 Norbert Elias y Eric Dunning, Deporte y ocio en el proceso de la civilización, 336.
4 Eduardo Galeano, El futbol a sol y sombra (Madrid: Siglo XXI Editores, 1995), 8, https://isfd18-bue.infd.edu.ar/sitio/wp-content/uploads/2022/01/El-futbol-a-sol-y-sombra-Eduardo-Galeano.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
5 Spartacus Educational, “Reglas de Cambridge”, https://spartacus-educational.com/Fcambridge.htm (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
6 Kevin Chin Galindo, “El nacimiento del futbol, cuando el balompié se separó del rugby”, VIP Deportivo, 29 de febrero de 2024, https://vipdeportivo.es/el-nacimiento-del-futbol-cuando-el-balompie-se-separo-del-rugby (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
7 José Ángel Báez A., “La ‘mano de Dios’ es una de las trampas más escandalosas en la historia del deporte”, La Rueda Suelta, 6 de diciembre de 2025, https://laruedasuelta.com/david-goldblatt-futbol-politica/ (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
8 Federación Internacional por los Derechos Humanos, “Mundial de futbol 2014 y derechos humanos. Entrevista a Glaucia Marinho”, 26 de mayo de 2014, https://www.fidh.org/es/region/americas/brasil/15659-mundial-de-futbol-2014-y-derechos-humanos-entrevista-a-glaucia-marinho (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
9 Cristo Martín, “Qatar pagó en secreto 780 M€ a la FIFA por el Mundial”, 10 de marzo de 2019, https://as.com/futbol/2019/03/10/mundial/1552215445_272762.html (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
10 Amnistía Internacional, “FIFA: es hora de indemnizar a los trabajadores migrantes en Qatar”, 19 de mayo de 2022, https://www.amnesty.org/es/latest/campaigns/2022/05/fifa-time-to-compensate-migrant-workers-in-qatar (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
11 Ximena Arochi, “El Mundial podría provocar desplazamientos si prevalecen intereses inmobiliarios: CDHCM”, Proceso, 7 de marzo de 2026, https://www.proceso.com.mx/nacional/cdmx/2026/3/7/el-mundial-podria-provocar-desplazamientos-si-prevalecen-intereses-inmobiliarios-cdhcm-369803.html (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
12 El Financiero, “‘Quieren hacer limpieza social:’ trabajadoras sexuales resisten obras del Mundial en Tlalpan”, 12 de febrero de 2026, https://www.elfinanciero.com.mx/cdmx/2026/02/12/quieren-hacer-limpieza-social-trabajadoras-sexuales-resisten-obras-del-mundial-en-tlalpan (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
13 Cris Ronaldo, “Cristiano Ronaldo Meets Piers Morgan 2019”, entrevista por Piers Morgan, 24 de noviembre de 2019, video de YouTube, 13:52-14:53, https://www.youtube.com/watch?v=pkhkEeP_yZs (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).
14 Telemundo Deportes, “Sadio Mané: el futbolista que no quiso ser rico”, 5 de abril de 2026, video de YouTube, 2:37, https://www.youtube.com/watch?v=ZdWCIjgvZjc (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).
15 Ángel Di María, “Bajo la lluvia, en el frío, de noche”, The Players’ Tribune, 25 de junio de 2018, https://www.theplayerstribune.com/articles/angel-di-maria-argentina-spanish; y Guillermo Echeverría, “Ángel Di María, futbolista: ‘Mi padre ayudaba en el carbón para que yo tuviera las manos limpias. Las suyas eran negras’”, El Español, 29 de abril de 2026, https://www.elespanol.com/deportes/futbol/20260429/angel-di-maria-futbolista-padre-trabajaba-carbon-manos-limpias-negras-dt/1003744220404_0.html (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).
16 Zazza el italiano, “El durísimo barrio de Carlos Tévez Carlos Tevez”, 2 de julio de 2023, video de YouTube, 38:42, https://www.youtube.com/watch?v=Vs7uLY_5KHU (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).
17 Álvaro Borrego, “La historia más dura de la infancia de Alexis Sánchez: ‘No tenía ni para zapatos’”, El Desmarque, 4 de septiembre de 2025, https://www.eldesmarque.com/futbol/20250904/historia-infancia-alexis-sanchez-fichaje-sevilla-fc_18_017524785.html (Fecha de consulta: 21 de mayo de 2026).
18 Humberto Maturana, Emociones y lenguaje en educación y política (Santiago de Chile: Ediciones Dolmen, 2001), 15. https://des-juj.infd.edu.ar/sitio/upload/Maturana_Romesin_H_-_Emociones_Y_Lenguaje_En_Educacion_Y_Politica.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
19 Comisión Interamericana de Derechos Humanos, OEA/Ser.L/V/II.Doc.57, Informe sobre seguridad ciudadana y derechos humanos, 31 de diciembre de 2009, https://www.oas.org/es/cidh/docs/pdfs/seguridad%20ciudadana%202009%20esp.pdf (Fecha de consulta: 10 de marzo de 2026).
20 Universidad Internacional Menéndez Pelayo, “Rita Segato: ‘El mundo de hoy es un mundo marcado por la dueñidad o el señorío’”, Prensa, 26 de agosto de 2019, https://www.uimp.es/actualidad-uimp/rita-segato-el-mundo-de-hoy-es-un-mundo-marcado-por-la-duenidad-o-el-senorio.html (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
21 John Paul Lederach, La imaginación moral. El arte y el alma de la construcción de la paz (Bilbao: Bakeaz, 2007), https://www.gernikagogoratuz.org/wp-content/uploads/2020/04/RG09-la-imaginacion-moral.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
22 John Paul Lederach, La imaginación moral. El arte y el alma de la construcción de la paz, 181.
23 Organización de las Naciones Unidas, Resolución 52/243, Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, 6 de octubre de 1999, https://fund-culturadepaz.org/wp-content/uploads/2021/02/Declaracion_CulturadPaz.pdf (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
24 Humberto Maturana, Emociones y lenguaje en educación y política, 32.
25 María Erriest y María Ullman, “Futbol, seguridad ciudadana y derechos humanos. Algunas consideraciones para su debate”, Revista IIDH, vol. 51 (junio 2010): 187, https://repositorio.iidh.ed.cr/items/863931bd-b2eb-4529-aebe-6d783f63353a (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
26 Erriest y Ullman, “Futbol, seguridad ciudadana y derechos humanos”: 187.
27 Alessandro Baricco, Los bárbaros: Ensayo sobre la mutación, trad. de Xavier González Rovira (Barcelona: Anagrama, 2008), 62.
28 Gaston Bachelard, La intuición del instante, trad. de Jorge Ferreiro Santana (México: Fondo de Cultura Económica, 1987), 33.
29 Speakola, “Nelson Mandela: ‘El deporte tiene el poder de cambiar el mundo.’ Premio Laureus a la trayectoria profesional-2000”, 25 de mayo de 2000, https://speakola.com/sports/nelson-mandela-laureus-lifetime-achievement-award-2000 (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
30 Campaña Mundial por la Educación, “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, https://cme-espana.org/2023/01/30/la-paz-es-el-camino (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
31 Juan Villoro, Dios es redondo (México: Planeta, 2010), 18.
32 Javier Flores, “La tregua de Navidad de la primera guerra mundial”, National Geographic, 24 de diciembre de 2023, https://historia.nationalgeographic.com.es/a/tregua-navidad-primera-guerra-mundial_8801 (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
33 Práctica Restaurativa… y más, “Galtung: “paz positiva y paz negativa”, https://restaurativa.org/personas-e-ideas/galtung-paz-positiva-y-paz-negativa/ (Fecha de consulta: 8 de mayo de 2026).
34 Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea de las Naciones Unidas, Resolución 217 A (III), 10 de diciembre de 1948, https://www.ordenjuridico.gob.mx/TratInt/Derechos%20Humanos/INST%2000.pdf (Fecha de consulta: 22 de mayo de 2026).
35 Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículos 1 y 2.
36 Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículos 3 y 5.
37 Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 23.
38 Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 24.
39 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, A/HRC/40/72, Informe del Foro Social de 2018, 9 de enero de 2019, https://docs.un.org/es/A/HRC/40/72 (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
40 Asamblea General de la Organización las Naciones Unidas, A/HRC/30/50, Informe final del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos sobre las posibilidades de utilizar el deporte y el ideal olímpico para promover los derechos humanos de todas las personas y reforzar el respeto universal hacia ellos, 17 de agosto de 2015, https://docs.un.org/es/A/HRC/30/50 (Fecha de consulta: 9 de mayo de 2026).
41 Ley para Prevenir la Violencia en los Espectáculos Deportivos en la Ciudad de México del 10 de febrero de 2021, Gaceta Oficial de la Ciudad de México, artículo 5, https://data.consejeria.cdmx.gob.mx/images/leyes/leyes/LEY_PARA_PREVENIR_LA_VIOLENCIA_EN%20_LOS_ESPECTACULOS_DEPORTIVOS_EN_LA_CDMX_2.pdf (Fecha de consulta: 15 de mayo de 2026).